Smith, Norman y Carlos
La noche había caído en el estadio olímpico de México, el 16 de octubre de 1968. Un poco antes, la colosal figura del componente del equipo estadounidense Tommie Smith había batido el record mundial de los 200 metros lisos, bajando por primera vez de la barrera psicológica de los veinte segundos, record que tardaría once años en superarse. Los Juegos mejicanos se convertirían en una explosión del dominio de los atletas afroamericanos. Dos días después, Bob Beamon establecería su sideral record en longitud, que permaneció en la tabla hasta que en 1991 lo rebajó Powell en los campeonatos mundiales de Tokio, o el record de los 100 de Hines, vigente hasta 1983. En la cámara de llamada para la ceremonia de entrega de premios de la final se encuentran los tres medallistas, Smith, el australiano Peter Norman, plata, y el también norteamericano John Carlos, bronce. Los estadounidenses venían preparados para algo especial. Algunos destacados deportistas negros de este país habían decl...